domingo, 8 de julio de 2007

Bailamos Blue Moon

En un tiempo de niñerías, en que los ojos de un cuerpo joven daban belleza a todo lo que fuese extraño una joven llamada Marion cambió la mirada de Daniel. Los días y los ocasos se embelesaron ahora con la verdad más pura y más dolorosa también.

Él amó una figura, un par de ojos verdes, un cabello cayendo delicadamente sobre los hombros de ésa mujer, éste era un sublime amor...¿es que el amor debe ser sublime no?. Ella sonrió levemente hechizando a Daniel, una simple sonrisa la hizo , para él , irresistible, incomparable, inolvidable y en aquel instante hubo miradas, hubo besos inesperados, hubo un descubrir, hubo amor.

Las noches compartidas fueron mágicas, amarrados bajo las llamas que parecían celebrar este encuentro...allí bailaron Blue Moon, una canción más allá de la música, melodía que los llenó más aún de un sentimeinto sin muertes, un ritmo en el aire que hizo que ésa noche fuera sólo de los dos.

Él decidió entonces, no perderle y escapó, la siguió en sus caminatas sin rumbo porque él ya se sentía sin rumbo cuando no estaban juntos, miraba todo como si fuera la primera vez, ella ahora le enseñaba todo aquello que siempre estuvo allí y que nunca vió realmente, fueron entonces, amigos, amantes y un par de locos que caminaban por la cuerda floja, los dos sumergidos en un creciente amor fueron el uno del otro, amaneceres, noches, días y crepúsculos fueron testigos de ellos dos, de ese mundo llamado Marion y Daniel.

Estando un día los dos tomados de la mano, oliendo la tierra después de una intensa lluvia, un espasmo la agredió, sacudió violentamente su aún doncel cuerpo, él no entendió qué sucedía pero otros se lo explicaron, Marion ahora no recordaba nada, esto le sucedía a menudo a la joven y él tendría que aceptar que éste amor ahora era obsoleto en el corazón y en la mente de Marion, ella ya no lo recordaría jamás.

Ineludible, cuando Marion despertara todos los episodios vividos con Daniel no existirían más, todo se habría borrado sin remedio, sólo algunos nombres, de vez en cuando, hacían que ella recordase algo aunque más bien, provocaban una angustia superior en ella al no saber por qué estos detalles la confundían tanto, Marion era herida por recuerdos desconocidos, por sensaciones inexplicables y Daniel, al saber sobre esto pensó que amaba tanto a esa mujer que jamás podría herirla, nisiquiera regalándole éste amor que sentía.

El joven decidió irse con su amor metido en el cuerpo y en el alma que descubrió junto a ella, nunca más amó así, nunca pudo olvidar su sonrisa y sus ojos verdes en los que se dibujaba una flor de maravilla perfecta, entonces la dejó allí, dormida y se marchó.

Pasaron algunos años desde que eso había sucedido, él ahora tenía una familia, esposa y dos hijos a quienes llebava a los juegos infantiles muy seguido, hoy era un día especial porque habrían artistas nuevos en presentación especial por lo que los llevó sin reparo. Cuando estaban por llegar él notó una figura femenina que vendía los regalos especiales, mariposas, globos, y todo aquello que un niño puede desear por lo que tuvo que dirigirse hacia allá, cuando estuvo más cerca no podía creer lo que sus ojos veían...era Marion, su dulce y amada Marion, bajó la cabeza y tubo miedo de mirarla, parecía un espejismo, aún conservaba esa mirada que un día, y hasta hoy, lo matenía hechizado, profundamente enamorado, sí, aún la amaba, nunca dejó de hacerlo, pero ella ya no lo recordaba y él había aprendido a vivir sólo con sus recuerdos.

Cuando terminó de comprarle los juguetes a sus hijos siguió su camino como si nada hubiera pasado, pero al instante escuchó la voz de la mujer que tanto amaba, ella lo estaba llamando, había olvidado su vuelto luego de la transacción hecha, entonces Daniel decidió regresar para poder verla una vez más.

Estaban los dos nuevamente frente a frente, él contemplándola y ella mirándolo sintiendo que antes lo había visto, fue entonces que ella preguntó si se habían conocido en otro lugar, preguntó su nombre, él enmudeció por un instante y recordó que no debía confundirla con recuerdos que la lastimarían por lo que cambió su nombre "Pablo"- contestó, "me llamo Pablo".

Así, él se marchó amándola y ella...quién sabe si lo reconoció, aunque allí estuvo un largo rato hallando algo parecido a la melancolía del brazo de aquel extraño, hasta que de su boca sólo salió una frase que ella nunca entendió "bailamos Blue Moon", dijo, y volvió a trabajar mientras la silueta de aquel hombre se desvanecía entre la multitud y las luces.

1 comentario:

Anónimo dijo...

muchos besitos para ute
siga adelnte con sus cuentos

besos ,cariños


taooo


Francisco